Eduardo Núñez recuerda la campaña que transformó a un candidato débil en líder municipal

Edgar Orlando Chiqui Limpias exalcalde de Montero Foto Archivo

En una entrevista cargada de anécdotas políticas, el militante del MNR rememoró la intensa campaña interna de 1999 que llevó a Chiqui Limpias a la alcaldía de Montero, pese a sus debilidades iniciales.

Montero, En una conversación que mezcló política, historia y reflexión, el dirigente Edward  Núñez rememoró cómo una estructura debilitada, marcada por divisiones internas, logró reconfigurar el escenario político de Montero a finales de los años 90, llevando al poder municipal a un candidato inicialmente cuestionado: Chiqui Limpias.

“Nos tocó armar un equipo desde cero, con debilidades muy marcadas, pero logramos convertir esas amenazas en fortalezas. Fue una tarea titánica”, relató Núñez. Según explicó, el candidato Limpias, pese a ser inicialmente percibido como ineficiente e impopular, logró mantenerse como cabeza de la alianza gracias al respaldo institucional que tenía como jefe partidario del MNR.

La campaña interna del MNR en 1999 fue, según Núñez, “similar a una elección municipal real”. Él mismo enfrentó a Limpias en una contienda interna apoyando a Ronald Nieme, quien le pidió incorporarse al equipo para revitalizar la estrategia electoral. “Dejé mi trabajo en el banco para sumarme. Sabíamos que había una oportunidad real”, contó.

Pese a vencer “en cancha”, Núñez reveló que les “voltearon la elección en mesa”, una práctica que denunció como parte del juego político de la época. Sin embargo, ese proceso no los desmotivó. “Ganamos dos distritos clave en Montero y rompimos la estructura de poder de los MBLista. Eso cambió el mapa político”.

El arte de la política y la oratoria como herramientas de conquista

Uno de los elementos determinantes, según Núñez, fue la capacidad discursiva de Chiqui Limpias. “Tenía la habilidad de escuchar, de manejar el escenario. Convertía la apatía en compromiso. Cuando hablaba, la gente estaba dispuesta a poner el pecho a la bala”, expresó.

A pesar de las tensiones internas y las denuncias de manipulación electoral, finalmente ambos bandos dentro del MNR optaron por la unidad, reconociendo que la única vía era consolidarse para enfrentar al adversario común: el oficialismo municipal. “O lo llevábamos juntos o rompíamos el partido en 500 pedazos”, recordó.

El relato concluyó con una reflexión sobre la importancia del liderazgo carismático en política. Núñez evocó figuras como Antonio Araníbar y Filemón Escobar como ejemplos de oradores que movilizaban masas sin estructuras partidarias sólidas, solo con la fuerza de la palabra.

“Hoy, que nos acercamos a nuevas elecciones subnacionales, estos recuerdos nos enseñan que la política también es arte: el arte de unir voluntades en torno a un objetivo común”, concluyó Núñez, anticipando que, tras el desenlace electoral de este agosto, lo que se viene es una nueva batalla por los gobiernos municipales y departamentales.

Autor: Tomás Coca

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