
Madrid, 26 junio 2026 — El desayuno escolar distribuido en las unidades educativas del municipio de Montero no cumple de manera integral con los criterios de adecuación nutricional exigidos por la normativa boliviana ni por las recomendaciones internacionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así lo revela una rigurosa investigación documental y analítica realizada por profesional en el área de salud Femida Gutiérrez en el marco de un Trabajo de Fin de Máster de la Universidad CEU San Pablo y el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Nutrición.
El estudio expone una contradicción directa con los objetivos de salud pública del país: mientras las raciones destinadas a los niños más pequeños registran preocupantes excesos de azúcar libre y sodio, la población adolescente —particularmente las mujeres— sufre una cobertura drásticamente insuficiente de micronutrientes esenciales como el hierro.
La paradoja de la «ración única»
A pesar de que el PACE atiende a una población estudiantil diversa con edades comprendidas entre los 5 y los 18 años, el municipio aplica un modelo de porciones estandarizadas. Al repartirse la misma cantidad y tipo de alimento a un niño del nivel inicial que a un joven de secundaria, el sistema genera un doble problema.
Durante la gestión 2025, la inversión pública municipal para este programa ascendió a Bs. 10.998.286,70, cubriendo a 35.481 estudiantes en 105 unidades educativas fiscales y de convenio, con un costo unitario incrementado a Bs. 2,60 por ración. Sin embargo, esta considerable inversión económica no se traduce en eficiencia biológica ni nutricional para los escolares.
Niños sobreexpuestos al azúcar y al sodio
El análisis bioquímico mediante el software especializado DIAL arrojó datos alarmantes para el grupo etario de 5 a 10 años:
- Exceso crítico de azúcar: El «Refresco Frutado» de 210 ml duplica (200%) el límite máximo de azúcar recomendado por la OMS para todo un desayuno escolar. De igual forma, la masita de quinua rellena de dulce de leche (131%), la mermelada de quinua (104%) y el néctar de frutas (100%) alcanzan o superan el tope permitido en una sola ingesta.
- Disparada de sodio: Los productos de panadería e industriales actúan como fuentes excesivas de sal. Un claro ejemplo son las galletas saladas («Masita Dulce o Salada»), las cuales por sí solas cubren el 77,8% del límite diario de sodio recomendado para los niños en el desayuno.
Expertos advierten que esta sobreexposición prematura a nutrientes críticos acelera la «transición nutricional» en la región, un fenómeno donde la desnutrición histórica es reemplazada rápidamente por problemas de sobrepeso, obesidad infantil y diabetes temprana.
Adolescentes en el olvido nutricional: la brecha de género
En el otro extremo, los adolescentes de 11 a 18 años presentan demandas energéticas mucho mayores debido al estirón puberal. Al recibir el mismo gramaje diseñado para infantes, el desayuno escolar les queda extremadamente corto.
El hallazgo más preocupante del estudio es la profunda brecha de género en el aporte de hierro: la ración actual apenas cubre el 34% del requerimiento diario para las mujeres adolescentes. Esta deficiencia crónica las expone de forma directa a padecer anemia ferropénica, afectando severamente su desarrollo cognitivo, su rendimiento académico y su salud inmunológica en una etapa crítica de maduración biológica.
Urge reformular la política de compras públicas
La investigación concluye de forma contundente que el menú escolar en Montero incumple los lineamientos de la Ley N.º 622 de Alimentación Escolar y la Ley N.º 775 de Promoción de la Alimentación Saludable, normativas nacionales creadas justamente para regular los niveles de azúcares, sodio y grasas saturadas.
Para corregir este panorama de salud pública, el informe técnico recomienda con urgencia al Gobierno Autónomo Municipal de Montero (GAMM) reformular los Documentos Base de Contratación (DBC). La principal recomendación radica en abandonar el modelo homogenizado de ración única y pasar a una distribución segmentada por grupos de edad. Solo mediante la planificación de menús diferenciados con porciones ajustadas a las necesidades biológicas de niños y adolescentes se podrá optimizar el uso del presupuesto estatal y garantizar el bienestar real de las futuras generaciones del municipio.

