Por Tomás Coca – Periodista y candidato a concejal por la alianza TODOS

El escenario electoral en el municipio de Montero atraviesa una etapa de reconfiguración marcada por la aparición de múltiples organizaciones políticas y nuevos liderazgos que desafían la histórica concentración del voto. En anteriores elecciones municipales, más del 85% de la preferencia electoral se concentró en dos fuerzas: CREEMOS y el MAS. Sin embargo, el contexto político, social y económico actual plantea interrogantes sobre si esta polarización se mantendrá o dará paso a una segmentación distinta del electorado.
Uno de los factores centrales de esta contienda es la definición de los públicos objetivos de cada candidatura. Por un lado, CREEMOS, que impulsa la reelección del actual alcalde Regys Medina, apunta principalmente a un electorado de centro, identificado con el sector camba y la clase media y media-alta, lo que se refleja también en la composición de su lista de concejales. Su mensaje central se apoya en la consigna de una “segunda oportunidad”, con el compromiso de mejorar la gestión y acceder a mayores recursos.
No obstante, este planteamiento genera cuestionamientos en parte del electorado, que se pregunta por qué confiar nuevamente en una gestión que ya tuvo la oportunidad de demostrar resultados. La falta de garantías claras se convierte en un elemento crítico dentro de su discurso.
En contraste, la candidatura de Santiago Valenzuela se orienta hacia los sectores populares, la clase media-baja y el electorado inmigrante. Su propuesta se sustenta en la lucha contra la corrupción y en la premisa de que una administración eficiente de los recursos permite alcanzar mayores resultados, sin recurrir a la excusa de la falta de presupuesto. Valenzuela se presenta como una candidatura con identidad popular, vinculada a la “Montero profunda”, con un discurso de cercanía y fiscalización.
En cuanto al posicionamiento de imagen, cada candidato apuesta por atributos diferenciados. Regys Medina busca reforzar una imagen de cercanía con la ciudadanía, mostrando sensibilidad social a través de su presencia en barrios y actividades comunitarias. Santiago Valenzuela, en cambio, proyecta la figura de un concejal combativo, identificado como uno de los pocos que, durante los últimos cinco años, impulsó procesos de fiscalización y denuncias en defensa del patrimonio municipal.
Otros candidatos intentan abrirse espacio en este escenario. Pablo Reynoso, presentado como outsider y empresario, enfrenta el desafío de construir una identidad política clara que vaya más allá de su condición de “nuevo” en la política. Analistas cuestionan la coherencia de atributos como juventud o renovación cuando no están respaldados por una trayectoria pública definida.
El factor económico y la organización territorial también juegan un papel determinante. La candidatura oficialista cuenta con una ventaja significativa en recursos y estructura, incluyendo una amplia red de funcionarios municipales que participan activamente en la campaña. En cambio, candidaturas como la de Valenzuela dependen en mayor medida del apoyo voluntario, motivado por convicción política más que por incentivos económicos.
Asimismo, los eventos de campaña reflejan una tendencia creciente: la asistencia ciudadana ya no responde únicamente al interés por las propuestas, sino también a la expectativa de incentivos materiales. Esto profundiza la desigualdad entre candidaturas con mayor respaldo financiero y aquellas que apuestan por un discurso de servicio y compromiso social.
En el ámbito digital, el manejo de redes sociales se consolida como un elemento clave. Algunos candidatos, como Julio Quiroga, han logrado posicionarse con estrategias sostenidas en plataformas digitales, mientras que otros refuerzan equipos jóvenes para incursionar en formatos como video y redes emergentes, entre ellas TikTok.
A medida que avanza la campaña, el panorama sigue abierto. La contienda podría definirse entre un grupo reducido de candidaturas, entre ellas la del actual alcalde Regys Medina, la posible irrupción de Pablo Reynoso y la de Santiago Valenzuela, quien se perfila como la expresión de un voto popular con identidad inmigrante y fuerte énfasis en la fiscalización y la transparencia.
En este contexto, la campaña electoral en Montero se asemeja a una maratón política, en la que el pelotón principal comienza a definirse, pero donde aún nada está dicho y cualquier giro puede reconfigurar el tablero electoral en las próximas semanas.