
En una época donde las promesas electorales se multiplican y los actos de campaña buscan conquistar el corazón de los ciudadanos, es imposible no notar la contrastante realidad que vive Bolivia en términos de educación, políticas públicas y la calidad de vida de sus habitantes. Las palabras de Frank Galler estratega político quien reflexiona sobre la situación política actual, nos llevan a cuestionar si realmente los líderes están comprometidos con lo que más importa: el futuro de nuestros niños.
«Ver la alegría de los niños siempre es bonito, ¿no? Al final uno vive para mejorar la vida de los niños», reflexiona Galler durante una charla sobre la importancia de centrarse en el bienestar de los más pequeños. Para él, la educación es clave, y el verdadero progreso de un país depende de una ciudadanía informada y capacitada. «El problema del boliviano es su ignorancia», afirma con contundencia. Pero no cualquier tipo de ignorancia, sino la falta de «cultura explícita» que va más allá de las tradiciones folklóricas y que debería estar enfocada en el conocimiento de los derechos y las responsabilidades individuales.
En medio de un contexto electoral en Bolivia, las campañas políticas han comenzado a tomar la forma de eventos masivos, celebraciones y regalos, como el caso de la chocolatada y la entrega de juguetes a niños en el barrio Nuevo Amanecer, realizado por el candidato a la alcaldía, Pablo Reynoso. Aunque Galler no duda en reconocer la iniciativa, destaca que, en términos políticos, este tipo de actos son más una estrategia para «posicionarse en la mente» de los votantes que un verdadero acto de compromiso con el bienestar de la comunidad. «¿Realmente los niños irían por el regalo o es por el político que está detrás de ello?», cuestiona.
La crítica a la superficialidad de las campañas electorales va más allá de los eventos de caridad, tocando un tema fundamental en la política: la propuesta real y la capacidad de los candidatos para cumplirla. Según Galler, «la gente vota por emociones, no por propuestas», lo que demuestra la desconexión de la política local con las verdaderas necesidades de la ciudadanía. «Nos falta educación política, nos falta conocimiento para elegir mejor», señala, haciendo un llamado urgente a la formación de la población en cuanto a sus derechos y a la visión de futuro que un candidato debería presentar.
En este sentido, una de las grandes críticas que se hacen al panorama electoral boliviano es la falta de propuestas claras y la proliferación de promesas vacías. Los políticos, a menudo, se limitan a ofrecer soluciones fáciles que, por lo general, están lejos de ser implementables. Para Galler, la clave de un país progresista está en «la cultura de la educación», una cultura que se debe construir desde las bases y que debe llegar incluso a los más humildes. «La gente necesita saber que tiene derechos, pero también necesita saber que tiene responsabilidades,» concluye.
Sin embargo, no todo está perdido. Galler se refiere a iniciativas como la de Lorenzo Salvatierra, un candidato que, en su opinión, ha logrado conectar emocionalmente con los ciudadanos. Salvatierra ha logrado identificarse con el electorado al posicionarse como «el amigo de los barrios,» algo que, según Galler, muchos otros candidatos aún no logran hacer. «El primer paso para ser elegido es lograr que la gente te recuerde, que te asocien con algo concreto. Eso es lo que falta hoy en día,» sostiene.
En un país como Bolivia, donde la pobreza, la desigualdad y la falta de acceso a la educación siguen siendo desafíos persistentes, la política debería centrarse en soluciones reales que impacten en la vida de las personas. «No se trata solo de dar chocolatada y regalos en época electoral,» concluye Galler, «se trata de hacer una verdadera inversión en la educación y el futuro de los niños.»
La reflexión es clara: la política debe ir más allá de las emociones inmediatas y las promesas populistas. Si Bolivia quiere avanzar, es esencial que se prioricen la educación y el bienestar de sus niños, garantizando un futuro mejor a través de un cambio profundo y genuino.
