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Sábado, 12 Septiembre 2020 20:56

Partidos buscan conquistar Santa Cruz, el árbitro de la elección 2020

Escrito por EL DEBER
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Hay cuatro fuerzas separadas por solo 10 puntos. Creemos confía en afianzar a Camacho, Juntos quiere reverdecer laureles, CC busca reeditar el voto útil y el MAS va por las clases populares

Hay otra medallita para colgarle al escudo cruceño, al menos hasta las 20:00 del 18 de octubre. La locomotora económica del país será, además, como sucedió en 2019, el lugar donde se definan las elecciones generales. 

Hoy, el departamento oriental es la plaza electoral más disputada con cuatro partidos distribuidos en 10 puntos porcentuales, según la encuesta de CiesMori para Bolivisión y Unitel, y es por ello que todos comenzaron su campaña en un rincón de la ciudad capital.

Luis Fernando Camacho, que lidera la intención de voto con un 21%, quiere mantener su bastión y apuesta por el voto identitario con proyección. Jeanine Áñez, segunda en las encuestas cruceñas, quiere diferenciarse de Camacho y asegura tener proyección nacional. 

El MAS, de Luis Arce Catacora, apuesta por el voto barrial y a presentarse como la contracara de Camacho. Comunidad Ciudadana, de Carlos Mesa, quiere repetir la experiencia de 2019, cuando superó el 50% de la votación cruceña y apela a la conciencia antimasista local. Todos, sin excepción, confluyen en un punto: No se puede gobernar Bolivia sin Santa Cruz.

 

Versiones

Santa Cruz es un departamento de voto conservador, que se ha inclinado en una sola elección por el MAS, en 2014, por lo que se erige en la principal plaza del bloque antimasista -La Paz, El Alto y Cochabamba se perfilan como plazas afines a Arce-. 

A esta lógica Franz Flores, doctor en Ciencias Políticas, le suma el carácter identitario: “Difícilmente Camacho y Áñez van a conquistar el voto colla”, dice, por lo que hacerse fuertes en Santa Cruz es indispensable para ellos. 

 

Sin embargo, Flores pone un semáforo rojo a las aspiraciones del de Creemos y Juntos: “Sin Santa Cruz, Mesa pierde en primera vuelta, porque tampoco se ha hecho fuerte en el occidente”. Y le suma otra dificultad: Arce Catacora no es el “monstruo devorador de elecciones” que era Evo Morales, al que creían que no se le podía ganar. Lo que parece una buena noticia no lo es tanto. 

Al no presentarse tan fuerte como su líder histórico, Arce Catacora no parece -según Flores- tener la fuerza para liberar el voto útil que necesita Mesa en Santa Cruz.

 

Para Marcelo Arequipa es tan importante Santa Cruz que los principales partidos decidieron lanzar sus campañas políticas desde aquí. 

El también doctor en Ciencias Políticas cree que será una plaza que se disputarán hasta el final Camacho y Áñez y eso le cierra los caminos a Mesa, a quien no ve en estos momentos en condiciones de hablarle al electorado cruceño con sus propios códigos.

Anota otro problema en este bloque: por el momento todos se esfuerzan en representar al bloque antimasista y no se ve entre ellos aún un proyecto posmasista. Cree que el peso político que ha cobrado Santa Cruz se convertirá en poder cuando un cruceño esboce ese proyecto posmasista y convenza al país.

Para Carlos Guzmán, cruceño y máster en Ciencias Políticas, en estos momentos Camacho es dueño del territorio de disputa entre Áñez y Mesa y tiene la llave de la plaza más importante, Santa Cruz. Aunque ideológicamente lo ve más cercano a la actual presidenta que a Mesa, no vaticina ninguna alianza. Cree que Camacho tiene en su falta de proyección nacional la principal amenaza para mantenerse en el primer lugar de la preferencia cruceña.

“No se despega del ámbito territorial. Esto es una tendencia que se mantiene desde febrero y eso dice mucho del liderazgo cruceño surgido del Comité Cívico, que aún no muestra una visión nacional”, critica Guzmán.

Es por eso que cree que el caudal que ahora atesora Camacho será repartido entre Juntos y CC, dependiendo de qué digan los números en la primera semana de octubre. Cree que, si Jeanine logra acercarse a tres o cuatro puntos de Mesa, tendrá oportunidad de quedarse con este bolsón.

Daniel Valverde, director del Observatorio Político Nacional, no cree en que el voto se decante mayoritariamente por una sola opción. 

Es como la tiza de pobre, cada uno tiene su pedacito. En estos momentos Santa Cruz es un escenario fragmentado y se viene una campaña dura, donde cada uno tratará de quedarse con el pedacito del otro”, dijo. Cree que los proyectos políticos agotados y a los que han surgido como poco interesantes.

Las estrategias

Para Ricardo Paz, principal estratega de Carlos Mesa, Santa Cruz volverá a apoyar en un 54% al expresidente porque es la vanguardia del antimasismo y no quiere que vuelva al poder “el despilfarro del MAS” o su “abuso de poder”.

“Es gente inteligente, sabe que esta es una elección entre dos. Dará su voto al que puede ganar al MAS”, dice Paz Ballivián.

Tomás Monasterio, candidato a primer senador por Santa Cruz de Juntos, lanza una pedrada desde la vereda de enfrente: “piden un voto útil para un inútil”, dice y acusa a Mesa de haberse evadido del juego político en momentos clave, como no haber asistido a las mesas de diálogo, no haberse pronunciado sobre los bonos y lo acusa con no criticar a Evo por el caso supuesto estupro o de no salir a apoyar el 10% para salud.

Paz, por su lado, cree que el votante cruceño quiere cerrar de una vez el ciclo masista, ponerle fin a un ciclo de la historia y eso es lo que prevalecerá.

No lo tendrá fácil, opina el politólogo Flores, que ve a Mesa “muy encerrado en la estrategia política”, y cuando se sale de esa camisa de fuerza estratégica cae en errores. Además, apunta que ya no tendrá la ayuda de los cívicos, que desde los cabildos de octubre alentaban a la gente hacia el voto útil.

No se puede gobernar Bolivia sin Santa Cruz, pero un candidato que solo apuesta por Santa Cruz tampoco puede gobernar Bolivia”, dice Monasterio, para aludir a Camacho sin nombrarlo. Asegura que Juntos tiene diversas alianzas regionales que le da presencia nacional.

Centa Rek, candidata a primera senadora por Santa Cruz de Creemos, cree que la región está totalmente identificada con Camacho y eso servirá para mostrar que tiene una propuesta para cambiar el país con una visión cruceño, volverlo más productivo, con verdadera autonomía. “Defendemos la inclusión política del cruceño. No solo somos una plaza electoral”, dijo Rek.

Ella no cree que a Camacho le pasará lo mismo que Ortiz en 2019, ve escenarios completamente distintos, por lo que no cree que este año haya voto útil. “Hay un 30% de supuestos indecisos y el MAS ha bajado siete puntos desde marzo. En un análisis estadístico y frío, ya no tiene recuperación. No habrá voto útil, sino la discusión de quién realmente puede cambiar el país”, dice.

Y el MAS busca la antítesis del camachismo. Sebastián Michel, vocero de campaña del MAS, cree que Santa Cruz es una plaza esencial por su peso en la economía, la generación de empleo y la estabilidad del país. Admite que no se puede gobernar el país de espaldas a Santa Cruz, por eso pondrán mucha atención en la capital oriental, en los barrios populares “donde están los votantes del MAS”.

“Es una plaza fuerte y hoy en día la identidad política del cruceño es Camacho. Da miedo que una persona que tiende a diferenciar cruceño de boliviano sea el que lidere en Santa Cruz. Nos preocupa demasiado”, dice Michel.

En el fondo, la propuesta del MAS también apuesta a la identidad, pero del migrante en Santa Cruz y del que no se siente representado por la impronta cruceñista de Camacho. Mientras tanto, Juntos y CC esperan a ver quién llega mejor posicionado a la recta final para tratar de asaltar el sentimiento antimasista de la clase media cruceña.

El candidato invisible va primero, se alimenta del desencanto popular y deja la puerta abierta para todos

Las encuestas de CiesMori dicen que Luis Arce Catacora está a menos de cuatro puntos de ganar en primera vuelta, pero para ello ha tenido que hacer a un lado y redistribuir el más del 30% que se acogió al silencio, está indeciso y piensa votar blanco y nulo. 

Ese bolsón de votos podría inclinarse por uno u otro lado, incluso dentro del recinto electoral y deja abierta las elecciones, pero también pone en evidencia el descontento de la población con los candidatos.

Para el politólogo Franz Flores se trata de un voto desencantado, es un bolsón de gente decepcionada del MAS por sus bloqueos, decepcionada de Jeanine Áñez por los actos de corrupción de su Gobierno, de Mesa por su encierro en el marketing político y de Luis Fernando Camacho por su encierro oriental.

Ve que el MAS ha perdido fuelle entre la clase media, pero advierte que sus bastiones de votación rural siguen intactos. En cambio, ve que ni Marcos Pumari, Samuel Doria Medina ni Gustavo Pedraza han dado a Camacho, Áñez y Mesa el complemento que necesitaban para ganar votos.

Para Carlos Guzmán, también politólogo, no hay que alarmarse tanto por la cantidad de indecisos, algo que siempre ha habido en toda elección. Recuerda que no había encuestas desde marzo y, ante la falta de referencias, la gente no sabe quién “va en punta”.

Sin embargo, advierte que el electorado no está adherido militantemente a ninguna opción, lo que hace que el voto se pueda inclinare por el candidato que encuentre cuál es el elemento que puede atraer a este grupo.

Marcelo Arequipa se inclina por la tesis de los molestos y decepcionados. Cree que este tercio de votantes no pertenece al centro político, sino más bien a los extremos, principalmente al extremo conservador del votante boliviano, por lo que tenderá a votar contra el MAS. 

“Es un voto castigo, de personas molestas con todos. Es un voto furioso. Es un voto que se puede inclinar por gente como Camacho o por Chi, por gente que tiene agendas radicales y rupturistas”, dice.

 

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